En 1803, el presidente Thomas Jefferson compró el vasto territorio de Luisiana a la Francia napoleónica por 15 millones de dólares. Este acuerdo monumental duplicó la superficie de los Estados Unidos, extendiéndose desde el río Misisipi hasta las Montañas Rocosas. La adquisición garantizó el control estratégico sobre el puerto de Nueva Orleans y las vías fluviales comerciales, abrió inmensos recursos para el asentamiento hacia el oeste e impulsó la exploración histórica de la expedición de Lewis y Clark.
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