Durante la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos transformaron profundamente su administración en tiempos de guerra y su frente interno. El gobierno federal asumió el control de la economía mediante una movilización industrial masiva, lo que impulsó la producción bélica y sacó definitivamente al país de la Gran Depresión. Millones de mujeres y minorías ingresaron a la industria de defensa, dinamizando las demandas sociales. A pesar de graves violaciones a las libertades civiles, como el internamiento de ciudadanos de origen japonés, esta movilización total consolidó el poderío económico y militar de la nación, redefiniendo su posición como superpotencia global.
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