Librada entre 1812 y 1815 en la costa este de Estados Unidos, la frontera con Canadá y el Atlántico, la Guerra de 1812 contra Gran Bretaña fue un catalizador decisivo para la industrialización estadounidense. El bloqueo naval británico interrumpió el comercio exterior, obligando a la nación a reducir su dependencia de las importaciones europeas. Esto impulsó a los inversores del Norte a destinar capital a fábricas locales, especialmente textiles en Nueva Inglaterra. El conflicto consolidó la autosuficiencia económica y sentó las bases de la infraestructura industrial que transformaría al país en las décadas siguientes.
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