Aunque la Guerra Fría evitó un enfrentamiento militar directo entre superpotencias en Europa, estuvo profundamente condicionada por grandes conflictos y guerras subsidiarias globales. Desde la Guerra de Corea hasta Vietnam y Afganistán, estas tensiones repercutieron en el escenario europeo mediante crisis militares, carreras armamentistas y luchas ideológicas que amenazaron constantemente la estabilidad y paz del continente.
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