En octubre de 1962, la crisis de los misiles en Cuba llevó a los Estados Unidos y a la Unión Soviética al momento más peligroso de confrontación nuclear durante la Guerra Fría. Mediante un tenso bloqueo naval y una delicada diplomacia secreta, la administración Kennedy logró que los soviéticos retiraran su armamento, evitando así una catástrofe global. Este enfrentamiento crucial no solo propició el establecimiento de nuevos canales directos de comunicación para la gestión de crisis, sino que también transformó de manera irreversible los cimientos de la seguridad internacional moderna y la diplomacia global.
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